El grupo navarro ZETAK convirtió el Donostia Arena en un escenario irrepetible durante tres jornadas consecutivas de sold out, con más de 40.000 asistentes que vivieron Mitoaroa II, una superproducción que traspasó los límites del concierto tradicional para convertirse en una experiencia inmersiva. Pello Reparaz y su banda ofrecieron un viaje sonoro y visual en 360º, donde música electrónica en euskera, mitología vasca y crítica social se entrelazaron en un espectáculo de tres horas de duración.

Cada espectador recibió unos auriculares con los que seguir el show, generando una experiencia íntima y colectiva a la vez. Al retirárselos, la música desaparecía, quedando únicamente las miles de gargantas que coreaban las canciones a capela. Sobre la arena, ZETAK desplegó un escenario circular con pantallas gigantes, bailarines de Kukai, músicos invitados y personajes de la tradición popular —joaldunak, momotxorros o mamuxarros— que irrumpieron en la narrativa.

La trama, planteada como precuela de Mitoaroa I, situó a Pepo Reparaz en el siglo XV, en plena pugna entre la Iglesia y los seres mitológicos desterrados. A través de escenas teatrales e intervenciones de actores como Javier Botet, Josean Bengoetxea, Aitziber Garmendia o Yune Nogueiras, el espectáculo abordó también temas de fuerte carga social y política: desde la denuncia del genocidio en Gaza hasta la destrucción de la naturaleza, el consumo cultural o la “Donostia de hormigón”.

Un total de 400 profesionales —150 de ellos sobre el escenario— hicieron posible esta producción inédita en Euskal Herria, donde no faltaron colaboraciones del Orfeón Donostiarra, Neomak, Fillas de Cassandra o Pantxoa eta Pello. El repertorio combinó los grandes himnos de la banda, como Zeinen ederra izango den o Itzulera, con los temas de su último disco, Aaztiyen.

Gracias a la confianza de Pandamusic, productora del espectáculo, Fluge Euskadi se encargó de suministrar el equipamiento de sonido, iluminación y vídeo. El espectáculo de ZETAK contó con un despliegue técnico de gran envergadura: más de un centenar de equipos de iluminación entre focos móviles, estrobos, tubos LED y tiras RGB, además de varios sistemas de seguimiento remoto y efectos especiales. El sonido se reforzó con una potente batería de subgraves y amplificación digital de última generación, junto a un amplio sistema de monitores inalámbricos con decenas de petacas, micrófonos y auriculares que garantizaron la cobertura en todo el recinto. En el apartado visual destacó un gran cubo de pantallas LED de ocho por seis metros y 3,9 mm de pitch, que acompañó la narrativa del concierto y completó una producción diseñada para envolver al público en una experiencia inmersiva sin precedentes.